Desescalada teatral: ¿tiene sentido volver a lo de antes?

In Blog, Cultura, Gestión cultural, Política cultural by javierdeyorkLeave a Comment

Con el fin de la desescalada empiezan a abrir los teatros. Ayer presentaron programación los Teatros del Canal mientras que el ministro eliminaba la limitación de aforo después de la desescalada para poner como criterio la distancia de seguridad . Muchos festivales al aire libre se van a celebrar: Almagro, Mérida, Peñíscola, Granada, Olite, Olmedo… aunque en versiones reducidas. Es hora de volver a trabajar y de reencontrarse con el público.

El éxito de ese reencuentro depende de 2 variables: la sanitaria, que se irá concretando, aunque ya empiezan a aparecer marcos regulatorios generales (art 14, y art 6 para el uso de mascarillas) que luego se irán concretando en los planes de riesgos laborales para los compañías y los espacios; y la psicológica, que tiene que ver con el miedo del público a volver a espacios cerrados después del verano y disfrutar de la experiencia escénica. Y en ese sentido podemos ejercer una labor: convertirnos en embajadores de nuestro arte, asistir sin miedo a disfrutar, como siempre, de la experiencia del encuentro con la escena. Los Festivales de verano y el teatro de calle van a constituir el primer paso. Después, cada uno debe convertirse en embajador de la escena asistiendo al teatro y animando a amigos y conocidos a acompañarnos superando el miedo. Es la mejor manera de no perder un público que nos dejó en la crisis anterior y que tiene una nueva razón para no ir al teatro. OS invito a comprometeros en el rescate de ese público.

Por otra parte, con la llegada de la actividad, hemos salido de un letargo y al igual que el resto de los ciudadanos, vamos poco a poco recuperando el ajetreo diario para que nuestros proyectos sobrevivan en un entorno de crisis que nos ha sorprendido antes de terminar la convalecencia de la anterior. El confinamiento, sin embargo, nos deja lecciones valiosas: nos ha permitido experimentar la unión de los agentes culturales para reclamar medidas para salir de esta situación, y en ese trabajo hemos tenido que revisar el funcionamiento del sector y detectar inercias instaladas por la costumbre pero que no permitían un buen funcionamiento del sistema cultural. ¿Qué va a ser de todo eso?¿Quedarán los artistas (y técnicos) protegidos con la incorporación de cláusulas en caso de rebrote?¿Se incorporarán las pandemias a los contratos como fuerza mayor?¿Qué pasa si un intérprete da positivo en un test antes de salir de bolo?¿Cuándo vamos a poder girar nacional e internacionalmente?¿Cómo se van a regular en el futuro las programaciones para evitar la aglomeración que se va a producir inevitablemente en el segundo semestre de este año?¿Habrá un sistema de devolución de entradas fluido para que el público no sufra esperas innecesarias? Todas estas reflexiones (y otras muchas) deberían seguir trabajándose para mejorar el sector mientras dure la unidad y podamos seguir hablando con regularidad antes de correr como pollos sin cabeza a entrar de nuevo en una dinámica que estaba lejos de ser buena.

¿Cuando se pueda viajar entre provincias, se abrirán los circuitos de programación autonómica o muchos van a seguir cerrados a las propuestas de fuera?¿Vamos a elaborar un sistema que permita a los artistas tener la esperanza de vivir de su trabajo y no de la acumulación de muchos?¿Cómo vamos a permitir que el riesgo en los formatos, o la danza, tengan un espacio habitual en las programaciones, y lo que es más, un público que los demande para acabar con la preeminencia del cabeza de cartel?¿Deberíamos revisar el carísimo sistema de bolos para que sea posible hacer mejores giras?¿Podemos permitirnos acabar con los precios políticos para que las compañías puedan arriesgarse a la taquilla?

Miremos al sector cara a cara para repensarlo

Muchas de estas preguntas son afrontadas con éxito por buenos gestores con ideas, con proyecto y con capacidad para llevar a cabo su visión de la cultura, pero no existe un consenso para responder a estas preguntas de una manera unitaria. Foros como la Red de Teatros, Adgae o Faeteda permiten reflexionar sobre algunas preguntas, pero estamos lejos de soluciones conjuntas. ¿Por qué no organizar una especie de gabinete de crisis nacional con la presencia de administraciones, programadores, distribuidores, compañías y creadores y repensamos el sector? Mercartes y los cursos de la RED en Almagro han favorecido esos encuentros de manera natural, pero este año se han suspendido. Aprovechemos para juntarnos y diseñar la nueva normalidad escénica antes de que la antigua nos vuelva a imponer sus inercias y aceptemos sin chistar aquello que no deberíamos para poder trabajar; Soñemos que lo que queremos es posible, no nos resignemos a aceptar lo anterior como inevitable.

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